miércoles, 27 de enero de 2016

El consumo de fresas reduce el colesterol

Un nuevo estudio sugiere que comer fresas diariamente puede reducir el colesterol y proporcionar otros beneficios para la salud del corazón.

La fresa (o frutilla) es una fruta fragante, alta en fibra, vitamina C, folato, potasio y antocianinas. Las antocianinas, que son compuestos antioxidantes llamados flavonoides, son los pigmentos (colorantes) producidos por muchas plantas para atraer a las aves y los insectos necesarios para la dispersión de sus semillas y la polinización.

Varios estudios previos han demostrado que el consumo de fresas podría reducir el riesgo de cáncer colorrectal. Además, la fresa podría ser utilizada como un anti-inflamatorio y podría ayudar a mejorar la absorción del hierro.
En un estudio reciente, los participantes saludables comieron diariamente 500 gramos de fresas durante un mes. Se recopilaron datos sobre sus niveles de colesterol, así como marcadores de estrés oxidativo y del estado antioxidante al principio del estudio, después de 30 días y otra vez 15 días después de terminado el estudio.

Los investigadores encontraron que el consumo de fresas redujo significativamente los niveles de colesterol total, de lipoproteínas de baja densidad (LDL o “colesterol malo”) y de triglicéridos en comparación con los mismos al inicio del estudio. Los niveles del colesterol de lipoproteína de alta densidad (HDL o “colesterol bueno”) no cambiaron. Los autores notaron que comer fresas también disminuyó los marcadores de estrés oxidativo e incrementó el estado antioxidante de los participantes.

Los autores concluyeron que el consumo de fresas puede tener beneficios para los niveles de colesterol, así como para el estado antioxidante, contribuyendo a la salud general del corazón.

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martes, 3 de noviembre de 2015

Arandano el Gran Aliado para Combatir la Grasa




No es un detergente de última generación para lavar los platos, pero su efecto es similar: elimina la grasa. En este caso, la del cuerpo, que es la que favorece la aparición de enfermedades cardiovasculares y diabetes. Se trata del arándano azul (blueberry o mora azul), un fruto que, al igual que otras bayas, puede servir para mucho más que complementar las recetas de repostería.  Sus propiedades lo convierten en todo un superhéroe ya que además de reducir la grasa, ayuda a destruir microbios, combatir infecciones y a prevenir la formación de tumores. ¿No te animas a comerlo?

Te estarás preguntando: “¿Cómo es que un fruto tan pequeño puede resultar tan beneficioso para la salud?” La  respuesta está en unos compuestos químicos muy abundantes en el arándano azul y muchas otras frutas llamados polifenoles. Sus aportes a la salud han sido motivo de estudio y los resultados del mismo presentados en un congreso de Biología Experimental de la Sociedad Americana de Nutrición, celebrado en Washington, Estados Unidos.


Los investigadores observaron el efecto de los polifenoles a nivel molecular en los tejidos del ratón y comprobaron que reducían la diferenciación de las células no especializadas en adipocitos (las células grasas). En otras palabras: frenaban la formación del tejido graso.

Uno de los aspectos más prometedores de este trabajo es que, entre más cantidad de polifenoles se les daba a los roedores, mayores eran los efectos. Así, la dosis más baja produjo una reducción de tan sólo un 27% del contenido graso, pero este porcentaje subió al 73% cuando se aplicó la ración más alta. Sin embargo, los responsables del estudio advierten que los resultados son todavía preliminares y es necesario confirmar sus efectos en  los humanos.

El poder de los arándanos para combatir el sobrepeso y la obesidad ya se conocía, así como lo que representan los polifenoles, pero todavía no se sabe exactamente cómo se produce, qué dosis se recomienda o qué personas pueden beneficiarse en mayor medida.
  

Antioxidantes

Los especialistas en nutrición tienen muy presente el papel preventivo de estos componentes vegetales. Afirman que al comerlos, se disminuye la oxidación que ocurre en el organismo a través de los procesos del metabolismo, lo que conlleva al envejecimiento de las células. En las personas con problemas metabólicos (diabetes, hipertensión, obesidad…), este deterioro progresivo está mucho más acentuado, por lo que los expertos recomiendan incluir en la dieta una serie de alimentos ricos en antioxidantes, como el arándano. Resulta paradójico que a pesar de sus virtudes, su consumo sea poco extendido. Consúmelos frescos, en jugo y añádelos a postres, mezclados con yogur natural y hasta como un toque especial en ensaladas.

¿Deberíamos ingerirlos en mayor cantidad?

La mayoría de los especialistas en nutrición estiman que no tiene sentido obsesionarse con aquellos alimentos que se ponen de moda tras la aparición de estudios que ilustran sus beneficios. Es mucho más importante intentar consumir una dieta balanceada con un alto contenido en verduras y frutas frescas. Los expertos añaden que los polifenoles constituyen una gran familia y están presentes en casi todas las bayas y los frutos rojos.

Tenlo en cuenta la próxima vez que vayas de compras al supermercado. Lo interesante es que las propiedades de estas sustancias se incrementan al unirse a otros compuestos como la vitamina C, presente en cítricos, tomates, nabos, papas (patatas), camotes (batata dulce), fresas y el melón (cantaloupe conocido como en inglés), o los carotenos que encontrarás en la zanahoria, la calabaza, en mangos, manzanas y melocotones (duraznos), así como en vegetales de hojas verdes. 

Tanto la vitamina C como los carotenos actúan además como antioxidantes.  Sus beneficios no se limitan a combatir la grasa, sino que actúan además combatiendo a los microbios y evitando la formación de tumores. Y además ¡son deliciosos!

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martes, 30 de junio de 2015

Para Mantener tu Peso luego de una Dieta...¡Come Proteínas!

Luego de haber pasado meses a dieta para lograr el peso que deseabas, llega el difícil momento de retomar una dieta saludable que te permita mantenerte en línea y no perder lo logrado con tanto esfuerzo. ¿Qué conviene comer? Si bien no hay demasiados datos al respecto, una investigación reciente detectó que las dietas altas en proteínas ayudan a mantener el peso deseado.

¿Ya has bajado esos kilos o libras de más y temes volver a recuperarlos cuando dejes de hacer dieta? ¡No te desanimes! es lógico, pues ese es uno de los desafíos principales que pueden quitarte el sueño cuando quieres controlar tu peso.

Hasta el momento, varios estudios han demostrado que gastar más calorías de las que consumimos nos permite bajar de peso, pero poco es lo que se sabe sobre cómo controlar y mantener el peso deseado.


Al respecto, una investigación desarrollada por unos científicos europeos de la Universidad de Copenhague detectó que una dieta alta en proteínas y baja en carbohidratos puede ayudar a cumplir este objetivo.

Las proteínas se encuentran en los alimentos de origen animal, como carnes de res, pollo, pescado, cerdo, pavo y huevos, y en algunos alimentos de origen vegetal, como las habichuelas (frijoles), las lentejas, la soja y las nueces y las semillas en general.
  
Las proteínas cumplen un papel muy importante en la dieta, ya que se ocupan de construir y reparar la piel, los músculos y los órganos. Además, los alimentos que contienen proteínas en general también tienen hierro, que ayuda a que la sangre transporte el oxígeno a todo el cuerpo. Si te falta hierro, es posible que te sientas cansada y débil o con dolor de cabeza.

La cantidad de proteínas que cada uno necesita depende de la edad, la estatura, el peso y el nivel de actividad física. En los niños y en los adolescentes va variando con el crecimiento y al llegar a la adultez se estanca. Así, la cantidad de proteínas que debe consumir un adulto es de alrededor de los 60 gramos diarios, en promedio.

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jueves, 28 de mayo de 2015

Medicina de Precisión en el Tratamiento de la Obesidad

Se considera que en Estados Unidos, más de dos de cada tres personas adultas son gordas u obesas y que el 17 por ciento de los niños también son obesos. La obesidad es un problema médico caro que aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca, diabetes tipo 2 y cáncer, entre otros.

Además, la prevalencia de la obesidad continúa aumentando, pese a la educación impartida, a los esfuerzos en pos de la alimentación y el ejercicio, así como a las terapias farmacológicas y quirúrgicas. Por ello, los científicos decidieron cuestionar el efecto del sistema gastrointestinal sobre la obesidad.

Los científicos descubrieron que para sentirse llenas, las personas obesas ingieren alrededor de 150 calorías más que quienes tienen peso normal. Además, descubrieron que el estómago de los obesos no solamente se vacía más rápido, sino que es de mayor tamaño y que los niveles de la hormona que envía la señal de llenura o saciedad son menores a los de las personas de peso normal.


En base a estos hallazgos, los científicos identificaron las siguientes sub-clasificaciones para la obesidad:

1. Saciedad anómala: dificultad para sentirse lleno (20%)

2. Estómago de mayor tamaño (14%)

3. Componente conductual (13%)

4. Estómago con vaciamiento más rápido (13%)

5. Otros (26%)

A partir de esta sub-clasificación de la obesidad, los médicos podrán ahora recetar el tratamiento más eficaz. Por ejemplo, los pacientes con estómagos más grandes posiblemente serían buenos candidatos quirúrgicos, mientras que quienes tienen problemas conductuales se beneficiarían de recibir consejería o de los medicamentos ansiolíticos.

“La aplicación de este método personalizado permite encontrar el tratamiento más eficaz y evitar que el paciente invierta tiempo y dinero en tratamientos menos fructíferos”, comenta el Dr. Andrés Acosta, medico gastroenterólogo.

En este primer estudio, los científicos compararon la eficacia de un medicamento para la saciedad, o sea un fármaco que ayuda a los pacientes a sentirse llenos, frente al placebo. Cuando se receta normalmente el medicamento para la saciedad, éste permite perder 3 libras de peso por semana. En base al método de la sub-clasificación, se puede también recetar el mismo medicamento para la saciedad a los pacientes que tienen dificultad para sentirse llenos, y en este estudio, esos pacientes perdieron 6 libras de peso por semana.

 “Los resultados son impresionantes y pueden cambiar la forma de controlar la obesidad; por lo tanto, es necesario personalizar el tratamiento de la obesidad después de que ha quedado claro que la misma pastilla no funciona igual en todos”, explica el Dr. Acosta.

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Alimentos para Bajar de Peso

martes, 14 de abril de 2015

Consejos Faciles para Evitar la Acidez

Si de vez en cuanto sientes un ardor que sube por tu pecho o hasta tu garganta y que duele, no tengas miedo. Es una reacción normal del cuerpo a algunos alimentos o bebidas que nos caen pesados, o cuando tienes una condición especial de salud. Ese ardor que sientes se debe al ácido del estómago que sube por el esófago. Esto se le llama enfermedad por reflujo gastroesofágico o ERGE.

¿Qué puedes hacer? Si la acidez no es muy frecuente, es decir, te ocurre máximo dos veces a la semana, puedes evitarla con tácticas caseras y cambiando algunos hábitos:


1. Come menos y despacio. Cuando comes más de lo que tu estómago puede tolerar o tan rápido que no le permites funcionar normalmente, el estómago puede reaccionar con acidez. Trata de comer más despacio e intenta comer porciones más pequeñas.

2. Evita ciertas bebidas. El alcohol, el café y el chocolate relajan la válvula entre el esófago y el estómago facilitando el paso de los ácidos estomacales.  Si quieres evitar la acidez, ya sabes el secreto, evita estas bebidas lo más que puedas.

3. Evita ciertos alimentos. Algunos alimentos tienden a provocar acidez más fácilmente, como las frutas ácidas, el picante, la cebolla y el tomate. Descubre los alimentos que no te caen muy bien, anotando en un diario lo que comes y las reacciones que tienes, para saber cuáles debes evitar.

4. Deja de fumar. El efecto del cigarrillo en tu acidez es inevitable. La nicotina debilita el esfínter bajo del esófago (la válvula) permitiendo que los ácidos del estómago entren más fácilmente.

5. Cena temprano. No te duermas inmediatamente después de cenar, pues tu cuerpo no va a poder hacer la digestión como debe, los niveles de acidez aumentarán y el estómago estará lleno. Cena más temprano y espera al menos 2 o 3 horas antes de irte a la cama.

6. Eleva la cabecera de la cama. Si la acidez te afecta especialmente cuando duermes, puedes ayudarte levantando la cabecera de tu cama con algunos ladrillos o bloques, haciendo que tu cabeza y tu pecho estén más arriba que el resto de tu cuerpo. No intentes levantar tu cabeza con más almohadas pues la posición aumenta la presión en tu estómago y empeora la acidez.

7. Pierde peso. Las libras de más empujan a tu estómago hacia arriba haciendo que los ácidos suban por tu esófago más fácilmente. Haz una dieta para cambiar tus hábitos alimenticios y perder peso, eso te ayudará a reducir la acidez.

8. Evita la ropa ajustada en el área de la cintura. ¿Para qué ponerte ropa que te hace presión sobre el estómago? Esa presión puede aumentar tu sensación de indigestión y provocarte acidez. Si quieres seguir poniéndote tus pantalones favoritos, lo mejor es que rebajes algunas libras. Es más saludable.

9. Relájate. A veces la ansiedad y el estrés pueden empeorar tu acidez. Busca algunas técnicas para relajarte como yoga, meditación o masajes. El ejercicio aeróbico de baja intensidad también te puede ayudar.

Si la acidez continúa, prueba un medicamento de venta libre o habla con tu médico. La ERGE puede llevar a problemas más severos, incluyendo la esofagitis (inflamación del esófago) o el cáncer de garganta.  Pero no te rindas, hay muchas opciones para prevenirla.

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jueves, 26 de marzo de 2015

12 Consejos Efectivos para no Recuperar el Peso Perdido

El éxito no cae del cielo. Las personas que han logrado perder el sobrepeso o el exceso de peso con éxito, pusieron en práctica métodos probados y perseveraron día a día. Estos son sus consejos:
1. Nunca pases hambre. No esperes a sentirte desfallecida(o) y “muerta(o)” de hambre. Esa es la manera más fácil de comer de todo y sin control y echar a perder todo lo que has logrado hasta ahora. Esto se debe a que el  hambre es un impulso primario que es difícil de negar (y de controlar).  Como más vale prevenir que lamentar, mantén siempre a mano (incluso en tu cartera o automóvil) bocadillos saludables, como almendras (12 almendras es una porción), un huevo duro,  algunas galletas de granos integrales,  o paquetitos de pasas. ¡Ah! Y jamás te saltes las comidas.
2. ¡Toma mucha agua! ¿Sabías que algunas personas confunden sed con hambre?  Por eso, cuando pienses que tienes hambre, toma un vaso de agua primero. Quizás eso te ayude a mantenerte satisfecha hasta la próxima comida. Si no puedes esperar, de todas maneras  el agua que bebas te ayudará a comer menos y a sentirte llena más rápido.  Por eso muchos nutricionistas recomiendan beber un vaso de agua por lo menos 20 minutos antes de cada comida.

3. Come varias comidas en el día. Comer más veces ayuda a acelerar el metabolismo y, además, permite que las personas se sientan constantemente satisfechas (llenas). Lo mejor es  dividir el total de calorías diarias en comidas pequeñas o meriendas y disfrutar de la mayoría de ellas al principio del día. Recuerda:  la cena debe ser la más pequeña de todas tus comidas.
4. Para no recuperar esas libras perdidas, economiza las calorías… ¡Y no hagas trampa!  Imagina que tu consumo diario de  calorías es como una cuenta bancaria: tienes una cantidad específica a tu favor y no puedes sobregirarla.  Averigua  la cifra exacta que te corresponde cada día de acuerdo a tu edad, sexo y nivel de actividad física ¡y apégate a ella!
5. Escribe lo que comes.  Algunos hasta llevan “un diario de alimentos”, pero puede ser una libretita o, si tienes teléfono inteligente, allí mismo puedes llevar ese registro. Lo importante es que lleves un control de tu alimentación. Eso te ayuda a recordar cuántas calorías has consumido en el día, o en la semana, y te ayudará a no desviarte.
6.  Húyele a la comida chatarra, a los restaurantes de comida rápida y a los alimentos congelados (de preparación fácil).  Todos estos son un imán para recuperar el peso perdido porque  son alimentos altos en calorías,  grasas, sodio y carbohidratos. Eso no quiere decir que tienen que ser ni complicados en su preparación, ni desabridos. Planea con anticipación.
7. Haz acopio de lo que te conviene.  Llena tu refrigeradora y la alacena de frutas y verduras frescas o congeladas y de aves magras, pescado, granos y bocadillos saludables, como el yogur griego, las nueces o el pan integral. Y saca de tu cocina y de tu vista las galletitas, los dulces y caramelos y todos aquellos alimentos que sabes bien que no te favorecen.
8.  Pon color a las comidas con frutas y verduras. Algo que te ayudará a no recuperar esas libras perdidas, es la regla de los colores: mezclar rojo, verde y naranja. Esfuérzate por incluir, en cada comida, una fruta o verdura de cada uno de estos colores.  Entre los rojos están las fresas los tomates , las granadillas y las manzanas. Entre los de color naranja, están las zanahorias, las calabazas, el camote, las naranjas y los ajíes… Y entre las verdes el brócoli, la espinaca, el té verde, la lechuga… ¡y un sin fin de vegetales!

9. Incluye al menos una porción de proteína en cada comida. La proteína te ayuda a sentirte satisfecho(a) más rápido y ayuda a mantener esa sensación de saciedad por más tiempo. Además de evitar que recuperes el peso perdido, también te ayuda a quemar la grasa y a mantener la masa muscular. Entre las proteínas  están las nueces, los, la carne magra, los pescados, los mariscos y las claras de huevo.
10. Bájale a la sal. La sal es un enemigo de la dieta. No sólo dificulta la pérdida de peso y aumenta la retención de líquidos en ciertas partes del cuerpo, sino que hace que uno sienta más sed (que se interpreta como hambre). Para bajar la sal de tu dieta, no sólo tienes que alejar el salero de tu mesa…  ¡también debes leer todas las etiquetas de lo que compras! Te sorprenderás la cantidad de sodio que se esconde en muchos alimentos que parecen saludables… pero que no lo son.
11. ¡Muévete un poco más! Sentado(a) en el sofá no se queman muchas calorías. Si de verdad no quieres volver a engordar ¡tienes que aumentar tu actividad física! Y si ya estás practicando algún ejercicio ¡ponle un poco de sazón! Es decir: varíalo un poco, para que no te aburra. Si no puedes ir a un gimnasio,  alterna  caminatas con baile, patinaje, la natación o la bicicleta. ¡La clave es estar en movimiento constante!
12. Cuidado con el fin de semana. ¡No claudiques ni el sábado ni el domingo! Es muy común que después de sacrificarnos toda la semana, cedamos a la tentación a última hora. Si planificas de antemano, poniendo en práctica algunos de los consejos que acabas de leer, no te resultará difícil comer bien, darte un gusto de repente y controlar calorías. Si sales a comer a un restaurante, controla las porciones , ordena un plato principal con proteína (pescado, o pollo al horno o a la parrilla), una y una cucharadita de postre.

El control, la moderación y la disciplina te ayudarán a mantener y controlar el peso que logres a largo plazo. Ya que has realizado buenos cambios en tus hábitos alimenticios y de actividad física ¡no retrocedas!  No pienses que “estás a dieta”. Piensa que estás llevando un estilo de vida más saludable que te permitirá tener una mejor calidad de vida. ¡Sí se puede!
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